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EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO
A LOS
Filipenses
CAPÍTULO 3
  21 el que atransformará el cuerpo de nuestra humillación, para ser semejante al bcuerpo de su gloria, mediante el poder con el cual puede también csujetar a sí mismo todas las cosas.

Notas al pie de página
21a
1 Cor. 15:51.
  51 He aquí, os digo un misterio: No todos adormiremos, pero todos seremos transformados
b
Lucas 24:39.
  39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; apalpad y ved, porque un bespíritu no tiene ccarne ni huesos como dveis que yo tengo.
Apoc. 1:13–17.
  13 y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al aHijo del Hombre, vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.
DyC 130:22–23.
  22 El aPadre tiene un bcuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el cEspíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino es un personaje de Espíritu. De no ser así, el Espíritu Santo no podría morar en nosotros.
c
DyC 19:2–3.
  2 Habiendo ejecutado y acumplido la voluntad de aquel de quien soy, a saber, el Padre, tocante a mí —habiéndolo hecho para bsujetar a mí todas las cosas—
DyC 76:106.
  106 Son aquellos que son arrojados al ainfierno, y bpadecen la ira de Dios cTodopoderoso hasta el dcumplimiento de los tiempos, cuando Cristo haya esubyugado a todo enemigo debajo de sus pies y haya fperfeccionado su obra;