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SELECCIONES DEL
LIBRO DE MOISÉS
CAPÍTULO 1
(Junio de 1830)
  10 Y sucedió que por el espacio de muchas horas Moisés no pudo recobrar su afuerza natural según el hombre, y se dijo a sí mismo: Por esta causa, ahora sé que el hombre no es bnada, cosa que yo nunca me había imaginado.

Notas al pie de página
10a
Dan. 10:8, 17.
  8 Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión; y no quedaron afuerzas en mí; antes bien, mis fuerzas se convirtieron en debilidad, sin retener yo vigor alguno.
1 Ne. 17:47.
  47 He aquí, mi alma se parte de angustia por causa de vosotros; y mi corazón está adolorido, porque temo que seréis desechados para siempre jamás. He aquí, estoy alleno del Espíritu de Dios, a tal extremo que mi cuerpo bno tiene fuerzas.
Alma 27:17.
  17 Y tan grande fue el agozo de Ammón que lo colmó; sí, se extasió en el gozo de su Dios, al grado de que se le bagotaron las fuerzas; y cayó a tierra cotra vez.
JS—H 1:20.
  20 De nuevo me mandó que no me uniera a ninguna de ellas; y muchas otras cosas me dijo que no puedo escribir en esta ocasión. Cuando otra vez volví en mí, me encontré de espaldas mirando hacia el cielo. Al retirarse la luz, me quedé sin fuerzas, pero poco después, habiéndome recobrado hasta cierto punto, volví a casa. Al apoyarme sobre la mesilla de la chimenea, mi madre me preguntó si algo me pasaba. Yo le contesté: “Pierda cuidado, todo está bien; me siento bastante bien”. Entonces le dije: “He sabido a satisfacción mía que el presbiterianismo no es verdadero”. Parece que desde los años más tiernos de mi vida el aadversario sabía que yo estaba destinado a perturbar y molestar su reino; de lo contrario, ¿por qué habían de combinarse en mi contra los poderes de las tinieblas? ¿Cuál era el motivo de la boposición y persecución que se desató contra mí casi desde mi infancia?
b
Dan. 4:35.
  35 Y todos los moradores de la tierra son considerados como anada; y con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra hace según su voluntad; y no hay quien bdetenga su mano y le diga: ¿Qué haces?
Hel. 12:7.
  7 ¡Oh cuán grande es la ainsignificancia de los hijos de los hombres; sí, son menos aún que el polvo de la tierra!