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EL SANTO EVANGELIO
SEGÚN
San Mateo
CAPÍTULO 16
  19 Y a ti te daré las allaves del breino de los cielos, y todo lo que cates en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos.

Notas al pie de página
19a
DyC 27:12–13.
  12 y también con Pedro, Santiago y Juan, a quienes os he enviado a vosotros, por medio de los cuales os he aordenado y confirmado para ser bapóstoles y ctestigos especiales de mi nombre, y para poseer las llaves de vuestro ministerio y de las mismas cosas que les revelé a ellos;
b
c
Mateo 16:18–19.
  18 Mas yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta aroca edificaré mi biglesia, y las cpuertas del infierno no prevalecerán contra ella.
Hel. 10:7.
  7 He aquí, te doy poder, de que cuanto asellares en la tierra, sea sellado en los cielos; y cuanto desatares en la tierra, sea desatado en los cielos; y así tendrás poder entre este pueblo.
DyC 128:9–11.
  9 A algunos les parecerá muy atrevida esta doctrina que discutimos: un poder que registra o ata en la tierra y también en los cielos. Sin embargo, en todas las edades del mundo, cada vez que el Señor ha dado una adispensación del sacerdocio a un hombre o grupo de hombres, por revelación efectiva, siempre se ha dado este poder. De manera que, todo cuanto esos hombres hicieron con bautoridad, en el nombre del Señor, y lo hicieron verdadera y fielmente, y llevaron un registro adecuado y fiel de ello, esto llegó a ser una ley en la tierra y en los cielos, y, de acuerdo con los decretos del gran cJehová, no podía anularse. Esta palabra es verdadera. ¿Quién la puede oír?