EL SANTO EVANGELIO
SEGÚN
San Marcos
CAPÍTULO 8
Jesús alimenta a cuatro mil — Él aconseja: Guardaos de la levadura de los fariseos — Sana a un hombre ciego en Betsaida — Pedro testifica que Jesús es el Cristo.
1
En aquellos días, como había una gran multitud y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
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Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer;
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y si los envío en ayunas a sus casas, se desmayarán por el camino, porque algunos de ellos han venido de lejos.
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Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?
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Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete.
6
Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud.
7
Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo y mandó que también los pusiesen delante.
8
Y comieron y se saciaron; y recogieron, de los pedazos que habían sobrado, siete cestas.
9
Y eran los que comieron como cuatro mil; y los despidió.
10
Y entrando en seguida en la barca con sus discípulos, fue a la región de Dalmanuta.
11
Y vinieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una
aseñal del cielo, para tentarle.
12
Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide una
aseñal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.
13
Y dejándolos, volvió a entrar en la barca y se fue al otro lado.
14
Y se habían olvidado de llevar pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca.
15
Y les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.
16
Y discutían los unos con los otros, diciendo: Es porque no tenemos pan.
17
Y como Jesús lo entendió, les dijo: ¿Por qué discutís? ¿Porque no tenéis pan? ¿Todavía no comprendéis ni entendéis? ¿Aún tenéis
aendurecido vuestro corazón?
18
¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?
19
Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.
20
Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.
21
Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?
22
Y vino a Betsaida, y le trajeron un ciego y le rogaron que le tocase.
23
Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y después de escupir en sus ojos y de poner las
amanos sobre él, le preguntó si veía algo.
24
Y él, alzando la vista, dijo: Veo los hombres, pero los veo como árboles que andan.
25
Entonces le puso otra vez las manos sobre los ojos y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.
26
Y le envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.
27
Y salió Jesús con sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y por el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
28
Y ellos respondieron: unos, Juan el Bautista; y otros,
aElías; y otros, alguno de los profetas.
29
Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el
aCristo.
30
Pero les mandó que
ano hablasen acerca de él a ninguno.
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Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre tenía que padecer mucho y ser desechado por los ancianos, y por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto y resucitar después de tres días.
32
Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le llevó aparte y comenzó a reprenderle.
33
Y él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: Apártate de mí,
aSatanás, porque
bno sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.
34
Y llamando a la gente y a sus
adiscípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí,
bniéguese a sí mismo, y tome su cruz y
csígame.
35
aPorque el que quiera salvar su vida la
bperderá; pero el que pierda su
cvida por causa de mí y del evangelio la salvará.
36
Porque, ¿qué aprovechará al hombre si gana todo el mundo y pierde su alma?
37
¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
38
Porque el que
ase avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el
bHijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos
cángeles.