Dios os ha escogido para salvación, mediante la santificación por el Espíritu,
2 Tes. 2:13. Somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo,
Heb. 10:10. Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció,
Heb. 13:12. Los sumos sacerdotes fueron santificados, y sus vestidos fueron blanqueados mediante la sangre del Cordero,
Alma 13:10–12. La santificación viene de entregar el corazón a Dios,
Hel. 3:33–35. Arrepentíos, para que seáis santificados por la recepción del Espíritu Santo,
3 Ne. 27:20. La santificación por la gracia de Jesucristo es justa y verdadera,
DyC 20:31. Jesús vino para santificar el mundo,
DyC 76:41. Santificaos para que vuestras mentes se enfoquen únicamente en Dios,
DyC 88:68.