El que salva. Jesucristo, mediante su expiación, ofreció a todo el género humano la redención y la salvación. El término “Salvador” es uno de los nombres y títulos de Jesucristo.
Jehová es mi luz y mi salvación,
Sal. 27:1 (
Éx. 15:1–2;
2 Sam. 22:2–3). Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve,
Isa. 43:11 (
DyC 76:1). Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados,
Mateo 1:21. Os ha nacido hoy un Salvador, que es Cristo el Señor,
Lucas 2:11. De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para salvar a todo aquel que en él crea,
Juan 3:16–17. No hay ningún otro nombre, que no sea el de Cristo, en que podamos ser salvos
Hech. 4:10–12 (
2 Ne. 25:20;
Mos. 3:17;
5:8;
DyC 18:23;
Moisés 6:52). Desde los cielos esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo,
Filip. 3:20. El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo
1 Juan 4:14. Dios levantaría un Mesías, un Salvador del mundo,
1 Ne. 10:4. El Cordero de Dios es el Salvador del mundo,
1 Ne. 13:40. El conocimiento de un Salvador se esparcirá por toda nación, tribu, lengua y pueblo,
Mos. 3:20. Cristo tuvo que morir para que viniera la salvación,
Hel. 14:15–16. La justificación y la santificación por la gracia del Salvador son justas y verdaderas,
DyC 20:30–31. Soy Jesucristo, el Salvador del mundo,
DyC 43:34. Mi Unigénito es el Salvador,
Moisés 1:6. Cuantos crean en el Hijo, y se arrepientan de sus pecados, serán salvos,
Moisés 5:15.