En las Escrituras, la paz puede representar tanto la ausencia de conflicto y disensión como la calma y la tranquilidad interior que nacen del Espíritu que Dios da a sus santos fieles.
Ausencia de conflicto y disensión: Él hace cesar las guerras,
Sal. 46:9. Ni se adiestrarán más para la guerra,
Isa. 2:4. Estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos,
Rom. 12:18–21. Continuó la paz en la tierra,
4 Ne. 1:4, 15–20. Renunciad a la guerra y proclamad la paz,
DyC 98:16. Izad un pendón de paz,
DyC 105:39.
La paz de Dios para los obedientes: Al Salvador se le llamará Príncipe de paz,
Isa. 9:6. No hay paz para los malos,
Isa. 48:22. Apareció una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz!,
Lucas 2:13–14. La paz os dejo,
Juan 14:27. La paz de Dios sobrepasa todo entendimiento,
Filip. 4:7. El pueblo del rey Benjamín recibió paz de conciencia,
Mos. 4:3. ¡Cuán hermosos son sobre las montañas los pies de aquellos que publican la paz!
Mos. 15:14–18 (Isa. 52:7). Alma clamó al Señor y halló paz,
Alma 38:8. Los espíritus de los justos serán recibidos en un estado de paz,
Alma 40:12. ¿No hablé paz a tu mente en cuanto al asunto?,
DyC 6:23. Camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz,
DyC 19:23. El que hiciere obras justas recibirá paz,
DyC 59:23. Vestíos con el vínculo de la caridad, que es el vínculo de la perfección y la paz,
DyC 88:125. Hijo mío, paz a tu alma,
DyC 121:7. Hallando que había mayor paz, busqué las bendiciones de los patriarcas,
Abr. 1:2.