Pueblo del Libro de Mormón, muchos de los cuales descendían del profeta Nefi, hijo de Lehi. Se separaron de los lamanitas y en general fueron más rectos que estos últimos; sin embargo, debido a su iniquidad, con el tiempo fueron destruidos por los lamanitas.
Los nefitas se separaron de los lamanitas,
2 Ne. 5:5–17. Los que no eran lamanitas eran nefitas,
Jacob 1:13. Inspiraba a los nefitas una causa mejor,
Alma 43:6–9, 45. Jamás hubo época más dichosa para los nefitas que en los días de Moroni,
Alma 50:23. A causa de las oraciones de los justos, fueron preservados los nefitas,
Alma 62:40. Los nefitas empezaron a degenerar en la incredulidad,
Hel. 6:34–35. Jesús enseñó y ministró a los nefitas,
3 Ne. 11 al
28:12. Se convirtió al Señor toda la gente, y tenían en común todas las cosas,
4 Ne. 1:2–3. No había contenciones, el amor de Dios moraba en sus corazones, y no podía haber pueblo más dichoso,
4 Ne. 1:15–16. Los nefitas empezaron a tener orgullo y se envanecieron,
4 Ne. 1:43. Hubo sangre y mortandad por toda la faz de la tierra,
Morm. 2:8. Los nefitas aumentaron en iniquidad y Mormón se negó a ser su comandante,
Morm. 3:9–11. Fueron muertos todos los nefitas, salvo veinticuatro,
Morm. 6:7–15. Se mataba a todo nefita que no negara al Cristo,
Moro. 1:2. Los nefitas fueron destruidos a causa de sus maldades y abominaciones,
DyC 3:18. Cuidaos del orgullo, no sea que lleguéis a ser como los nefitas,
DyC 38:39.