En las Escrituras, una maldición es la aplicación de la ley divina que autoriza o inflige juicios y sus correspondientes consecuencias sobre una cosa, una persona o un pueblo, principalmente por motivo de la iniquidad. Las maldiciones son una manifestación del amor y la justicia de Dios, y pueden ser invocadas directamente por Dios o pronunciadas por sus siervos autorizados. A veces, sólo Dios sabe la razón exacta de una maldición. Además, las personas o los pueblos que con obstinación desobedecen a Dios llegan a experimentar las consecuencias de un estado de maldición por motivo de que ellos mismos se apartan del Espíritu del Señor.
Dios maldijo a la serpiente por haber engañado a Adán y a Eva,
Gén. 3:13–15 (
Moisés 4:19–21). La tierra fue maldecida por causa de Adán y Eva,
Gén. 3:17–19 (
Moisés 4:23–25). El Señor maldijo a Caín por haber matado a Abel,
Gén. 4:11–16 (
Moisés 5:22–41). El Señor maldijo a Canaán y a sus descendientes
Gén. 9:25–27 (
Moisés 7:6–8;
Abr. 1:21–27). Israel será bendecido si es obediente a Dios y maldecido si es desobediente,
Deut. 28:1–68 (
Deut. 29:18–28). Giezi y su descendencia fueron maldecidos con la lepra de Naamán,
2 Rey. 5:20–27. El Señor maldijo a la antigua nación de Israel por no haber pagado sus diezmos y sus ofrendas,
Mal. 3:6–10. Jesús maldijo una higuera y ésta se secó,
Mar. 11:11–14, 20–21. Jesús maldijo las ciudades de Corazín, Betsaida y Capernaum
Lucas 10:10–15. Por motivo de que los lamanitas no quisieron escuchar al Señor, fueron separados de la presencia del Señor y fueron maldecidos,
2 Ne. 5:20–24. Se invita a todos a venir a Dios,
2 Ne. 26:33. El Señor maldecirá a los que cometan fornicaciones,
Jacob 2:31–33. Los nefitas han de recibir una maldición peor que la de los lamanitas a no ser que se arrepientan,
Jacob 3:3–5. Los rebeldes traen maldiciones sobre sí mismos,
Alma 3:18–19 (
Deut. 11:26–28). Korihor fue maldecido por haber alejado de Dios a la gente,
Alma 30:43–60. El Señor maldijo la tierra y las riquezas de los nefitas a causa de las iniquidades de la gente,
Hel. 13:22–23 (
2 Ne. 1:7;
Alma 37:31). El Señor maldijo a los malvados jareditas,
Éter 9:28–35. La expiación de Cristo quita de los niños pequeños la maldición de Adán,
Moro. 8:8–12. Los que se apartan del Señor son maldecidos,
DyC 41:1. La tierra será herida con una maldición a menos que entre los padres y los hijos exista un eslabón conexivo,
DyC 128:18 (
Mal. 4:5–6).