Acontecimientos extraordinarios causados por el poder de Dios. Representan un elemento importante de la obra de Jesucristo, e incluyen las sanidades, la restauración de la vida a los muertos y la resurrección. Los milagros forman parte del Evangelio de Jesucristo. Es necesario tener fe para que éstos se manifiesten (
Mar. 6:5–6;
Morm. 9:10–20;
Éter 12:12).
Si Faraón os respondiere: Mostrad milagro,
Éx. 7:9. Ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí,
Mar. 9:39. Jesús efectuó su primer milagro en Caná,
Juan 2:11. Soy un Dios de milagros,
2 Ne. 27:23. El poder de Dios obra milagros,
Alma 23:6. Cristo pudo mostrar milagros más grandes a los habitantes del continente americano debido a la gran fe de ellos,
3 Ne. 19:35. Dios no ha cesado de ser un Dios de milagros,
Morm. 9:15. No exijáis milagros, a no ser que el Señor os lo mande,
DyC 24:13–14. A algunos les es dado obrar milagros,
DyC 46:21 (
Moro. 10:12).