Pensar o reflexionar profundamente, a menudo tocante a las Escrituras u otras cosas divinas. Al combinarse con la oración, la meditación sobre las cosas de Dios puede traer consigo la revelación y la comprensión.
María meditaba estas cosas en su corazón,
Lucas 2:19. Mientras estaba yo sentado reflexionando, fui arrebatado en el Espíritu,
1 Ne. 11:1. Mi corazón medita en las Escrituras,
2 Ne. 4:15. Nefi se dirigió hacia su propia casa, meditando en las cosas que le había manifestado el Señor,
Hel. 10:2–3. Id a vuestras casas, y meditad las cosas que os he dicho,
3 Ne. 17:3. Recordad cuán misericordioso ha sido el Señor, y meditadlo en vuestros corazones,
Moro. 10:3. Reflexiona sobre las cosas que has recibido,
DyC 30:3. Mientras meditábamos en estas cosas, el Señor tocó los ojos de nuestro entendimiento,
DyC 76:19. Me hallaba en mi habitación meditando sobre las Escrituras,
DyC 138:1–11. Lo medité repetidas veces,
JS–H 1:12.