El recibir un llamamiento de Dios significa recibir un nombramiento o invitación de Él, o de los líderes debidamente autorizados de su Iglesia, para servirle de una manera particular.
Puso sobre él sus manos, y le dio el cargo,
Núm. 27:23. Te di por profeta,
Jer. 1:5. Yo os elegí a vosotros,
Juan 15:16. Pablo fue llamado a ser apóstol,
Rom. 1:1. Nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios,
Heb. 5:4. Jesús fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec
Heb. 5:10. He sido llamado para predicar la palabra de Dios de acuerdo con el espíritu de revelación y profecía,
Alma 8:24. Esos sacerdotes fueron llamados y preparados desde la fundación del mundo,
Alma 13:3. Si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados,
DyC 4:3. Consérvate firme en la obra a la cual te he llamado,
DyC 9:14. No vayas a suponer que eres llamado a predicar sino hasta que se te llame,
DyC 11:15. Los élderes son llamados para efectuar el recogimiento de los escogidos,
DyC 29:7. Ninguno predicará mi evangelio ni edificará mi iglesia a menos que sea ordenado,
DyC 42:11. Muchos son los llamados, y pocos los escogidos,
DyC 121:34. El hombre debe ser llamado por Dios,
AdeF 5.