Energía, poder o influencia divinos que proceden de Dios por medio de Cristo y que dan vida y luz a todas las cosas. Es la ley por la cual se gobiernan todas las cosas tanto en el cielo como en la tierra (
DyC 88:6–13). También ayuda a las personas a comprender las verdades del evangelio y sirve para colocarlas sobre el sendero del evangelio que conduce a la salvación (
Juan 3:19–21;
12:46;
Alma 26:15;
32:35;
DyC 93:28–29, 31–32, 40, 42).
La luz de Cristo no se debe confundir con la persona del Espíritu Santo, pues la luz de Cristo no es un personaje, sino una influencia que procede de Dios y prepara a la persona para recibir el Espíritu Santo. Es una influencia para bien en la vida de todo ser humano (
Juan 1:9;
DyC 84:46–47).
Una manifestación de la luz de Cristo es la conciencia del hombre, la cual le ayuda a distinguir entre el bien y el mal (
Moro. 7:16). Cuanto más aprende una persona acerca del evangelio, tanto más sensible se vuelve su conciencia (
Moro. 7:12–19). A los que siguen la luz de Cristo, se les guía hacia el evangelio de Jesucristo (
DyC 84:46–48).
Jehová es mi luz,
Sal. 27:1. Venid, y caminaremos a la luz de Jehová,
Isa. 2:5 (
2 Ne. 12:5). Jehová te será por luz perpetua,
Isa. 60:19. La luz verdadera alumbra a todo hombre que viene a este mundo,
Juan. 1:4–9 (
Juan 3:19;
DyC 6:21;
34:1–3). Yo soy la luz del mundo
Juan 8:12 (
Juan 9:5;
DyC 11:28). Lo que es luz, es bueno,
Alma 32:35. Cristo es la vida y la luz del mundo,
Alma 38:9 (
3 Ne. 9:18;
11:11;
Éter 4:12). A todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal,
Moro. 7:15–19. Lo que es de Dios es luz, y aumenta cada vez más en resplandor hasta el día perfecto,
DyC 50:24. El Espíritu da luz a todo hombre,
DyC 84:45–48 (
93:1–2). El que guarda sus mandamientos recibe verdad y luz,
DyC 93:27–28. La luz y la verdad desechan a aquel inicuo,
DyC 93:37.