La tribu de Leví: Jacob bendijo a Leví y a su posteridad (
Gén. 49:5–7, 28). Los descendientes de Leví ministraron en los santuarios de Israel (
Núm. 1:47–54). Aarón fue levita, y sus descendientes fueron sacerdotes (
Éx. 6:16–20;
28:1–4; 29). Los levitas ayudaban a los sacerdotes, los hijos de Aarón (
Núm. 3:5–10;
1 Reyes 8:4), y en ocasiones servían de músicos (
1 Cró. 15:16;
Neh. 11:22); desollaban los animales destinados a holocaustos (
2 Cró. 29:34;
Esdras 6:20); y en general ayudaban en el templo (
Neh. 11:16). Los levitas estaban dedicados al servicio del Señor para llevar a cabo las ordenanzas a favor de los hijos de Israel. Los levitas mismos fueron ofrecidos en ofrenda de los hijos de Israel (
Núm. 8:11–22), por lo que eran una singular propiedad de Dios, dedicados a Él. Él los tomó para sí en lugar de los primogénitos (
Núm. 8:16). Eran consagrados y purificados para desempeñar su oficio (
Núm. 8:7–16). No tuvieron heredad en la tierra de Canaán (
Núm. 18:23–24), pero recibieron los diezmos (
Núm. 18:21), 48 ciudades (
Núm. 35:6) y el derecho de recibir la limosna del pueblo (
Deut. 12:18–19;
14:27–29).