El juicio final que tendrá lugar después de la resurrección. Por medio de Jesucristo, Dios juzgará a toda persona para determinar la gloria eterna que ésta recibirá. Ese juicio se basará en la obediencia personal a los mandamientos de Dios, y en la aceptación del sacrificio expiatorio de Jesucristo.
El Padre todo el juicio dio al Hijo,
Juan 5:22. Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo,
Rom. 14:10. Fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas,
Apoc. 20:12 (
DyC 128:6–7). Por todos tus hechos serás traído a juicio,
1 Ne. 10:20. Los Doce Apóstoles y los Doce Discípulos nefitas juzgarán a las doce tribus de Israel,
1 Ne. 12:9–10 (
DyC 29:12). Todos deben comparecer ante el tribunal del Santo,
2 Ne. 9:15. Preparad vuestras almas para ese día glorioso,
2 Ne. 9:46. ¿Podéis imaginaros ante el tribunal de Dios?,
Alma 5:17–25. Jesucristo se presentará para juzgar al mundo,
3 Ne. 27:16. El Señor descenderá en juicio sobre el mundo con una maldición sobre los impíos,
DyC 133:2.