Oír la voz y las enseñanzas del Señor, prestando atención y obedeciendo.
Profeta como yo te levantará Jehová; a él oiréis,
Deut. 18:15. El prestar atención es mejor que la grosura de los carneros
1 Sam. 15:20–23. No hemos obedecido a tus siervos los profetas,
Dan. 9:6. Los justos que escuchan las palabras de los profetas no perecerán,
2 Ne. 26:8. Si no queréis dar oídos a la voz del buen pastor, no sois las ovejas del buen pastor,
Alma 5:38 (
Hel. 7:18). Escuchad, oh pueblo de mi iglesia,
DyC 1:1. Todo el que escuche la voz del Espíritu será iluminado y vendrá al Padre,
DyC 84:46–47. Fueron lentos en escuchar la voz del Señor; por consiguiente, el Señor es lento en escuchar sus oraciones,
DyC 101:7–9. Los que no escuchan los mandamientos son castigados,
DyC 103:4 (
Moisés 4:4).