Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano
2 Rey. 20:1–5 (
2 Cró. 32:24;
Isa. 38:1–5). Recorrió Jesús Galilea sanando toda enfermedad y toda dolencia,
Mateo 4:23–24 (
1 Ne. 11:31;
Mos. 3:5–6). Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos,
Mateo 9:10–13 (
Mar. 2:14–17;
Lucas 5:27–32). ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos,
Stg. 5:14–15. Cristo tomó sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo,
Alma 7:10–12. Jesús sanó a todos los enfermos entre los nefitas,
3 Ne. 26:15. Nutrid a los enfermos con ternura, con hierbas y alimento sencillo,
DyC 42:43 (
Alma 46:40). Recordad en todas las cosas a los enfermos y a los afligidos,
DyC 52:40. Pon tus manos sobre los enfermos, y sanarán,
DyC 66:9.