Antes de la resurrección de Cristo, los miembros de la Iglesia, al igual que los judíos, observaban como día de reposo el último día de la semana. Después de la resurrección, los miembros de la Iglesia, ya fueran judíos o gentiles, guardaron el primer día de la semana (el día del Señor) para recordar la resurrección del Señor. En la actualidad, en la Iglesia se sigue observando un día santo de reposo todas las semanas, en el que se adora a Dios y se descansa de las labores del mundo.
Dios reposó el día séptimo,
Gén. 2:1–3. El pueblo de Israel no recogió maná el día de reposo,
Éx. 16:22–30. Acuérdate del día de reposo para santificarlo,
Éx. 20:8–11 (
Mos. 13:16–19). El día de reposo se dio como señal entre Dios y el hombre,
Éx. 31:12–17 (
Ezeq. 20:12, 20). No se debe comprar ni vender en el día de reposo,
Neh. 10:31. El Señor manda que llamemos delicia al día de reposo, no andando en nuestros propios caminos,
Isa. 58:13–14. El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo
Mar. 2:23–28. El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo,
Lucas 6:1–10. Jesús enseñó en una sinagoga y sanó enfermos en el día de reposo,
Lucas 13:10–14. Los nefitas santificaban el día de reposo,
Jarom 1:5. Les mandó que observaran el día de reposo y lo santificaran,
Mos. 18:23. Ofrecerás tus sacramentos en mi día santo,
DyC 59:9–13. Los habitantes de Sión observarán el día del Señor,
DyC 68:29. Yo, Dios, descansé el día séptimo de toda mi obra,
Moisés 3:1–3 (
Gén. 2:1–3;
Abr. 5:1–3).