Juzgar a otros o ser juzgados por Dios, ser hallados culpables o ser reprobados. En el estado inmortal, la condenación es una referencia a la limitación del progreso individual y a la imposibilidad de tener acceso a la presencia de Dios y a su gloria. La condenación existe en distintos grados. Todos los que no alcancen la plenitud de la exaltación celestial se verán limitados hasta cierto punto en su progreso y privilegios, y en ese sentido serán condenados.
Jehová condenará al hombre de malos pensamientos,
Prov. 12:2. ¡Ay de vosotros, hipócritas! Recibiréis mayor condenación,
Mateo 23:14. Los que hicieron lo malo saldrán a resurrección de condenación,
Juan 5:29 (
3 Ne. 26:5). Somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo,
1 Cor. 11:32. Los que no se arrepientan, se bauticen y perseveren hasta el fin, deben ser condenados,
2 Ne. 9:24 (
Mar. 16:16;
Éter 4:18;
DyC 68:9;
84:74). Nuestras palabras, obras y pensamientos nos condenarán,
Alma 12:14. Por saber y no cumplir, las personas caen bajo condenación,
Hel. 14:19. El que come y bebe indignamente, come y bebe condenación para su alma,
3 Ne. 18:28–29 (
1 Cor. 11:29). Los inicuos serían más desdichados morando en la presencia de Dios que con las almas condenadas en el infierno,
Morm. 9:4. Si dejamos de obrar, incurriremos en la condenación,
Moro. 9:6. El que no hace nada hasta que se le mande, ya es condenado,
DyC 58:29. El que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor,
DyC 64:9. El que peque contra mayor luz, mayor condenación recibirá,
DyC 82:3. Toda la Iglesia está bajo condenación hasta que se arrepienta y recuerde el Libro de Mormón,
DyC 84:54–57. El que reciba la plenitud de la gloria del Señor deberá cumplir la ley, o será condenado,
DyC 132:6.