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SEGUNDO LIBRO DE MOISÉS
llamado
Éxodo
CAPÍTULO 34
  29 Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, mientras descendía del monte, no sabía él que la tez de su rostro aresplandecía, después que hubo hablado con Dios.

Notas al pie de página
29a
Mos. 13:5–6.
  5 Y ahora bien, aconteció que después que Abinadí hubo hablado estas palabras, el pueblo del rey Noé no se atrevió a echarle mano, porque el Espíritu del Señor estaba sobre él, y su rostro aresplandecía con un brillo extraordinario, aun como el de Moisés en el monte de Sinaí, mientras hablaba con el Señor.
DyC 110:3.
  3 Sus aojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su bsemblante brillaba más que el resplandor del sol; y su cvoz era como el estruendo de muchas aguas, sí, la voz de dJehová, que decía:
JS—H 1:32.
  32 No sólo tenía su túnica esta blancura singular, sino que toda su persona abrillaba más de lo que se puede describir, y su faz era como un vivo brelámpago. El cuarto estaba sumamente iluminado, pero no con la brillantez que había en torno de su persona. Cuando lo vi por primera vez, tuve cmiedo; mas el temor pronto se apartó de mí.