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EL LIBRO DE ÉTER
CAPÍTULO 12
  19 Y hubo muchos cuya fe era tan sumamente fuerte, aun aantes de la venida de Cristo, que no se les pudo impedir penetrar el bvelo, sino que realmente vieron con sus propios ojos las cosas que habían visto con el ojo de la fe; y se regocijaron.

Notas al pie de página
19a
2 Ne. 11:1–4.
  1 Ahora bien, aJacob habló muchas otras cosas a mi pueblo en esa ocasión; sin embargo, solamente he hecho bescribir estas cosas, porque lo que he escrito me basta.
Jacob 4:4–5.
  4 Porque hemos escrito estas cosas para este fin, que sepan que nosotros asabíamos de Cristo y teníamos la esperanza de su gloria muchos siglos antes de su venida; y no solamente teníamos nosotros una esperanza de su gloria, sino también todos los santos bprofetas que vivieron antes que nosotros.
Jarom 1:11.
  11 Por tanto, los profetas y los sacerdotes y los maestros trabajaron diligentemente, exhortando con toda longanimidad al pueblo a la diligencia, enseñando la aley de Moisés y el objeto para el cual fue dada, persuadiéndolos a bmirar adelante hacia el Mesías y a creer en su venida ccomo si ya se hubiese verificado. Y fue de esta manera como les enseñaron.
Alma 25:15–16.
  15 Sí, y observaban la ley de Moisés; porque era necesario que la observaran todavía, pues no se había cumplido enteramente. Mas a pesar de la aley de Moisés, esperaban anhelosamente la venida de Cristo, considerando la ley mosaica como un bsímbolo de su venida y creyendo que debían guardar aquellas prácticas cexteriores hasta que él les fuese revelado.
b
Éter 3:6.
  6 Y sucedió que cuando el hermano de Jared hubo dicho estas palabras, he aquí, el aSeñor extendió su mano y tocó las piedras, una por una, con su dedo. Y fue quitado el bvelo de ante los ojos del hermano de Jared, y vio el dedo del Señor; y era como el dedo de un hombre, a semejanza de carne y sangre; y el hermano de Jared cayó delante del Señor, porque fue herido de temor.