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EL LIBRO DE ENÓS
  3 He aquí, salí a cazar bestias en los bosques; y las palabras que frecuentemente había oído a mi padre hablar, en cuanto a la vida eterna y el agozo de los santos, bpenetraron mi corazón profundamente.

Notas al pie de página
3a
b
1 Ne. 10:17–19.
  17 Y aconteció que después que yo, Nefi, hube oído todas las apalabras de mi padre concernientes a las cosas que había visto en su bvisión, y también las cosas que habló por el poder del Espíritu Santo, poder que recibió por la fe que tenía en el Hijo de Dios —y el Hijo de Dios era el cMesías que habría de venir— yo, Nefi, sentí deseos de que también yo viera, oyera y supiera de estas cosas, por el poder del Espíritu Santo, que es el ddon de Dios para todos aquellos que lo buscan ediligentemente, tanto en tiempos fpasados como en el tiempo en que se manifieste él mismo a los hijos de los hombres.
Alma 36:17–21.
  17 Y aconteció que mientras así me agobiaba este tormento, mientras me aatribulaba el recuerdo de mis muchos pecados, he aquí, también me acordé de haber oído a mi padre profetizar al pueblo concerniente a la venida de un Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los pecados del mundo.