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EL LIBRO DE ENÓS
  23 Y no había nada, salvo un extremado arigor, bpredicación y profecías de guerras y contiendas y destrucciones, y crecordándoles continuamente la muerte, y la duración de la eternidad, y los juicios y poder de Dios, y todas estas cosas, agitándolos dconstantemente para mantenerlos en el temor del Señor. Y digo que nada, salvo estas cosas y mucha claridad en el habla, podría evitar que se precipitaran rápidamente a la destrucción. Y de esta manera es como escribo acerca de ellos.

Notas al pie de página
23a
1 Ne. 16:2.
  2 Y sucedió que les dije que yo sabía que había hablado palabras duras contra los inicuos, según la verdad; y a los ajustos he justificado, y testificado que ellos habrían de ser enaltecidos en el postrer día; por tanto, los bculpables hallan la cverdad dura, porque los dhiere hasta el centro.
2 Ne. 33:5.
  5 Y hablan aásperamente contra el pecado, según la bclaridad de la verdad; por tanto, nadie se enojará con las palabras que he escrito, a menos que sea del espíritu del diablo.
b
c
Hel. 12:3.
  3 Y así vemos que excepto que el Señor acastigue a su pueblo con muchas aflicciones, sí, a menos que lo visite con muerte y con terror, y con hambre y con toda clase de pestilencias, no se bacuerda de él.
d
Jarom 1:12.
  12 Y sucedió que por obrar así, evitaron que los del pueblo fuesen adestruidos de sobre la faz de la tierra; pues bcompungieron sus corazones con la palabra, exhortándolos sin cesar a que se arrepintieran.
Alma 31:5.
  5 Y como la apredicación de la bpalabra tenía gran propensión a cimpulsar a la gente a hacer lo que era justo —sí, había surtido un efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa que les había acontecido— por tanto, Alma consideró prudente que pusieran a prueba la virtud de la palabra de Dios.