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Doctrina y Convenios
SECCIÓN 136
  37 Por tanto, no os maravilléis de estas cosas, porque todavía no sois apuros; no podéis soportar mi gloria todavía; pero la veréis, si sois fieles en guardar todas mis palabras que os he bdado, desde los días de Adán hasta Abraham, desde Abraham hasta Moisés, desde Moisés hasta Jesús y sus apóstoles, y desde Jesús y sus apóstoles hasta José Smith, a quien llamé por conducto de mis cángeles, mis siervos ministrantes, y por mi propia voz desde los cielos, para hacer surgir mi obra;

Notas al pie de página
37a
b
Hel. 8:18.
  18 Sí, y he aquí, os digo que Abraham no fue el único que supo de estas cosas, sino que hubo amuchos, antes de los días de Abraham, que fueron llamados según el orden de Dios, sí, según el borden de su Hijo; y esto con objeto de que se mostrase a los del pueblo, muchos miles de años antes de su venida, que la redención vendría a ellos.
c
Apoc. 14:6.
  6 Y vi a otro aángel volar por en medio del cielo, que tenía el bevangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, y tribu, y lengua y pueblo,
DyC 110:11–16.
  11 Después de cerrarse esta avisión, los cielos nuevamente nos fueron abiertos; y se apareció bMoisés ante nosotros y nos entregó las cllaves del drecogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra, y de la conducción de las diez tribus desde el país del enorte.
DyC 128:19–21.
  19 Ahora, ¿qué oímos en el evangelio que hemos recibido? ¡Una voz de alegría! Una voz de misericordia del cielo, y una voz de averdad que brota de la tierra; gozosas nuevas para los muertos; una voz de alegría para los vivos y los muertos; buenas bnuevas de gran gozo. ¡Cuán hermosos son sobre los montes los cpies de los que traen alegres nuevas de cosas buenas, y que dicen a Sión: He aquí, tu Dios reina! ¡Como el drocío del Carmelo descenderá sobre ellos el conocimiento de Dios!
JS—H 1:30–47.
  30 Encontrándome así, en el acto de suplicar a Dios, vi que se aparecía una luz en mi cuarto, y que siguió aumentando hasta que la habitación quedó más iluminada que al mediodía; cuando repentinamente se apareció un apersonaje al lado de mi cama, de pie en el aire, porque sus pies no tocaban el suelo.