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Doctrina y Convenios
SECCIÓN 132
  22 Porque aestrecha es la puerta y angosto el bcamino que conduce a la exaltación y continuación de las cvidas, y pocos son los que la hallan, porque no me recibís en el mundo ni tampoco me conocéis.

Notas al pie de página
22a
Lucas 13:24.
  24 Esforzaos por entrar por la puerta aangosta, porque os digo que muchos bprocurarán entrar y no podrán.
2 Ne. 33:9.
  9 Tengo también caridad para con los agentiles. Mas he aquí, para ninguno de éstos puedo tener esperanza, a menos que se breconcilien con Cristo y entren por la cpuerta angosta, y dcaminen por la esenda estrecha que guía a la vida, y continúen en la senda hasta el fin del día de probación.
Hel. 3:29–30.
  29 Sí, vemos que todo aquel que quiera, puede asirse a la apalabra de Dios, que es bviva y poderosa, que partirá por medio toda la astucia, los lazos y las artimañas del diablo, y guiará al hombre de Cristo por un camino estrecho y cangosto, a través de ese eterno dabismo de miseria que se ha dispuesto para hundir a los inicuos,
b
Mateo 7:13–14, 23.
  13 Entrad por la puerta aestrecha, porque ancha es la puerta y bespacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.
2 Ne. 9:41.
  41 Así pues, amados hermanos míos, avenid al Señor, el Santo. Recordad que sus sendas son justas. He aquí, la bvía para el hombre es cangosta, mas se halla en línea recta ante él; y el guardián de la dpuerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente, y no hay otra entrada sino por la puerta; porque él no puede ser engañado, pues su nombre es el Señor Dios.
2 Ne. 31:17–21.
  17 Por tanto, haced las cosas que os he dicho que he visto que hará vuestro Señor y Redentor; porque por esta razón se me han mostrado, para que sepáis cuál es la puerta por la que debéis entrar. Porque la puerta por la cual debéis entrar es el arrepentimiento y el abautismo en el agua; y entonces viene una bremisión de vuestros pecados por fuego y por el Espíritu Santo.
c
DyC 132:30–31.
  30 Abraham recibió apromesas en cuanto a su posteridad y a la del fruto de sus lomos —de cuyos blomos eres tú, mi siervo José— promesas que habrían de continuar mientras estuviesen en el mundo; y en cuanto a Abraham y su posteridad, habrían de continuar fuera del mundo; tanto en el mundo como fuera del mundo, continuarían tan innumerables como las cestrellas; o si te pusieras a contar las arenas de las playas del mar, no podrías numerarlas.