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¡Y además, la voz de Dios en la alcoba del anciano
apapá Whitmer, en Fayette, Condado de Séneca, y en varias ocasiones y en diversos lugares, en todas las peregrinaciones y tribulaciones de esta Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días! ¡Y la voz de Miguel, el arcángel; la voz de , de
cRafael y de diversos
dángeles, desde Miguel o
eAdán, hasta el tiempo actual, todos ellos declarando su
fdispensación, sus derechos, sus llaves, sus honores, su majestad y gloria, y el poder de su sacerdocio; dando línea sobre línea,
gprecepto tras precepto; un poco aquí, y otro poco allí; consolándonos con la promesa de lo que ha de venir en lo futuro, confirmando nuestra
hesperanza!