Las Escrituras      Ayudas para el estudio  | Buscar  | Opciones  | Marcado  | Ayuda  | Español 
Imprimir   < Anterior  Siguiente >
EL SEGUNDO LIBRO DE NEFI
CAPÍTULO 9
  26 Porque la aexpiación satisface lo que su bjusticia demanda de todos aquellos a quienes cno se ha dado la dley, por lo que son librados de ese terrible monstruo, muerte e infierno, y del diablo, y del lago de fuego y azufre, que es tormento sin fin; y son restaurados a ese Dios que les dio ealiento, el cual es el Santo de Israel.

Notas al pie de página
26a
2 Ne. 2:10.
  10 Y por motivo de la intercesión hecha por atodos, todos los hombres vienen a Dios; de modo que comparecen ante su presencia para que él los bjuzgue de acuerdo con la verdad y csantidad que hay en él. Por tanto, los fines de la ley que el Santo ha dado, para la imposición del castigo que se ha fijado, el cual castigo que se ha fijado se halla en oposición a la felicidad que se ha fijado, para cumplir los fines de la dexpiación;
Alma 34:15–16.
  15 Y así él trae la asalvación a cuantos crean en su nombre; ya que es el propósito de este último sacrificio poner en efecto las entrañas de misericordia, que sobrepujan a la justicia y proveen a los hombres la manera de tener bfe para arrepentimiento.
b
c
Mos. 3:11.
  11 Pues he aquí, y también su asangre bexpía los pecados de aquellos que han ccaído por la transgresión de Adán, que han muerto sin saber la voluntad de Dios concerniente a ellos, o que han pecado por dignorancia.
d
Mos. 15:24.
  24 Y éstos son los que tienen parte en la primera resurrección; y éstos son los que han muerto en su ignorancia, antes que Cristo viniese, no habiéndoseles declarado la asalvación. Y así el Señor efectúa la restauración de éstos; y participan en la primera resurrección, o sea, tienen vida eterna, habiéndolos redimido el Señor.
DyC 137:7.
  7 Por lo que, me habló la avoz del Señor, diciendo: Todos los que han muerto bsin el conocimiento de este evangelio, quienes lo habrían recibido si se les hubiese permitido permanecer, serán cherederos del dreino celestial de Dios;
e
Gén. 2:7.
  7 aFormó, pues, Jehová Dios al hombre del bpolvo de la tierra y csopló en su nariz el aliento de vida; y fue el dhombre ealma viviente.
DyC 93:33.
  33 Porque el hombre es aespíritu. Los belementos son eternos; y espíritu y elemento, inseparablemente unidos, reciben una plenitud de gozo;
Abr. 5:7.
  7 Y los aDioses formaron al hombre del bpolvo de la tierra, y tomaron su cespíritu (esto es, el espíritu del hombre), y lo pusieron dentro de él; y soplaron en su nariz el aliento de vida, y el hombre fue dalma viviente.