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EL SEGUNDO LIBRO DE NEFI
CAPÍTULO 31
  21 Y ahora bien, amados hermanos míos, ésta es la asenda; y bno hay otro camino, ni cnombre dado debajo del cielo por el cual el hombre pueda salvarse en el reino de Dios. Y ahora bien, he aquí, ésta es la ddoctrina de Cristo, y la única y verdadera doctrina del ePadre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, que son fun Dios, sin fin. Amén.

Notas al pie de página
21a
Hech. 4:10–12.
  10 sea notorio a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel que en el anombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano.
2 Ne. 9:41.
  41 Así pues, amados hermanos míos, avenid al Señor, el Santo. Recordad que sus sendas son justas. He aquí, la bvía para el hombre es cangosta, mas se halla en línea recta ante él; y el guardián de la dpuerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente, y no hay otra entrada sino por la puerta; porque él no puede ser engañado, pues su nombre es el Señor Dios.
Alma 37:46.
  46 Oh hijo mío, no seamos aperezosos por la facilidad que presenta la bsenda; porque así sucedió con nuestros padres; pues así les fue dispuesto, para que cviviesen si miraban; así también es con nosotros. La vía está preparada, y si queremos mirar, podremos vivir para siempre.
DyC 132:22, 25.
  22 Porque aestrecha es la puerta y angosto el bcamino que conduce a la exaltación y continuación de las cvidas, y pocos son los que la hallan, porque no me recibís en el mundo ni tampoco me conocéis.
b
Mos. 3:17.
  17 Y además, te digo que ano se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual la bsalvación llegue a los hijos de los hombres, sino en el nombre de cCristo, el Señor Omnipotente, y por medio de ese nombre.
c
d
Mateo 7:28.
  28 Y aconteció que cuando Jesús terminó aestas palabras, la multitud se admiraba de su bdoctrina,
Juan 7:16–17.
  16 Jesús les respondió y dijo: Mi adoctrina no es mía, sino de aquel que me benvió.
e
f
3 Ne. 11:27, 35–36.
  27 Y según esta manera bautizaréis en mi nombre, porque he aquí, de cierto os digo que el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo son auno; y yo soy en el Padre, y el Padre en mí, y el Padre y yo somos uno.