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EL PRIMER LIBRO DE NEFI
SU REINADO Y MINISTERIO
CAPÍTULO 17
  41 Y los afligió en el desierto con su vara, porque aendurecieron sus corazones aun como vosotros lo habéis hecho; y el Señor los afligió a causa de sus iniquidades. Envió bserpientes ardientes voladoras entre ellos; y cuando los mordieron, dispuso un medio para que csanaran; y la tarea que tenían que cumplir era mirar; y por causa de la dsencillez de la manera, o por ser tan fácil, hubo muchos que perecieron.

Notas al pie de página
41a
2 Rey. 17:7–23.
  7 Y esto sucedió porque los hijos de Israel pecaron contra Jehová su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto de bajo la mano de Faraón, rey de Egipto, y temieron a dioses ajenos,
b
Núm. 21:4–9.
  4 Y partieron del monte Hor, camino del aMar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se abatió el ánimo del pueblo por el camino.
Deut. 8:15.
  15 que te condujo por un desierto grande y espantoso, de aserpientes ardientes, y de escorpiones y de sed, donde ningún agua había, y él te sacó bagua de la roca del pedernal;
Alma 33:18–22.
  18 Mas he aquí, esto no es todo; no son éstos los únicos que han hablado concerniente al Hijo de Dios.
c
Juan 3:13–15.
  13 Y nadie aha subido al cielo sino el que descendió del cielo, el bHijo del Hombre que está en el cielo.
2 Ne. 25:20.
  20 Y ahora bien, hermanos míos, he hablado claramente para que no podáis errar; y como vive el Señor Dios, que asacó a Israel de la tierra de Egipto, y dio poder a Moisés para bsanar a las naciones después de haber sido mordidas por las serpientes ponzoñosas, si ponían sus ojos en la cserpiente que él levantó ante ellas, y también le dio poder para que hiriera la dpeña y brotara el agua; sí, he aquí os digo que así como estas cosas son verdaderas, y como el Señor Dios vive, no hay otro enombre dado debajo del cielo sino el de este Jesucristo, de quien he hablado, mediante el cual el hombre pueda ser salvo.
d
Alma 37:44–47.
  44 Pues he aquí, tan fácil es prestar atención a la apalabra de Cristo, que te indicará un curso directo a la felicidad eterna, como lo fue para nuestros padres prestar atención a esta brújula que les señalaba un curso directo a la tierra prometida.
Hel. 8:15.
  15 Y así como cuantos miraron a esa serpiente avivieron, de la misma manera cuantos miraren al Hijo de Dios con fe, teniendo un espíritu contrito, bvivirán, sí, esa vida que es eterna.