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EL PRIMER LIBRO DE NEFI
SU REINADO Y MINISTERIO
CAPÍTULO 1
  7 Y sucedió que volvió a su casa en Jerusalén, y se echó sobre su lecho, adominado por el Espíritu y por las cosas que había visto.

Notas al pie de página
7a
Dan. 10:8.
  8 Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión; y no quedaron afuerzas en mí; antes bien, mis fuerzas se convirtieron en debilidad, sin retener yo vigor alguno.
1 Ne. 17:47.
  47 He aquí, mi alma se parte de angustia por causa de vosotros; y mi corazón está adolorido, porque temo que seréis desechados para siempre jamás. He aquí, estoy alleno del Espíritu de Dios, a tal extremo que mi cuerpo bno tiene fuerzas.
Moisés 1:9–10.
  9 Y la presencia de Dios se apartó de Moisés, de modo que su gloria ya no lo cubría; y Moisés quedó a solas; y al quedar a solas, cayó a tierra.
JS—H 1:20.
  20 De nuevo me mandó que no me uniera a ninguna de ellas; y muchas otras cosas me dijo que no puedo escribir en esta ocasión. Cuando otra vez volví en mí, me encontré de espaldas mirando hacia el cielo. Al retirarse la luz, me quedé sin fuerzas, pero poco después, habiéndome recobrado hasta cierto punto, volví a casa. Al apoyarme sobre la mesilla de la chimenea, mi madre me preguntó si algo me pasaba. Yo le contesté: “Pierda cuidado, todo está bien; me siento bastante bien”. Entonces le dije: “He sabido a satisfacción mía que el presbiterianismo no es verdadero”. Parece que desde los años más tiernos de mi vida el aadversario sabía que yo estaba destinado a perturbar y molestar su reino; de lo contrario, ¿por qué habían de combinarse en mi contra los poderes de las tinieblas? ¿Cuál era el motivo de la boposición y persecución que se desató contra mí casi desde mi infancia?