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EL PRIMER LIBRO DE NEFI
SU REINADO Y MINISTERIO
CAPÍTULO 1
  4 Pues sucedió que al comenzar el aprimer año del reinado de bSedequías, rey de Judá (mi padre Lehi había morado en cJerusalén toda su vida), llegaron muchos dprofetas ese mismo año profetizando al pueblo que se arrepintiera, o la gran ciudad de eJerusalén sería destruida.

Notas al pie de página
4a
b
2 Cró. 36:10.
  10 Al cabo de un año el rey Nabucodonosor envió y lo hizo llevar a aBabilonia con los utensilios preciosos de la casa de Jehová; y puso a bSedequías, su hermano, como rey sobre Judá y Jerusalén.
Jer. 52:3–5.
  3 Y a causa de la ira de Jehová, por lo de Jerusalén y de Judá, él llegó a echarlos de su presencia; y se rebeló aSedequías contra el rey de Babilonia.
Omni 1:15.
  15 Y he aquí, sucedió que Mosíah descubrió que la agente de Zarahemla había salido de Jerusalén en la época en que bSedequías, rey de Judá, fue llevado cautivo a Babilonia.
c
1 Cró. 9:3.
  3 Y habitaron en Jerusalén, de los hijos de Judá, y de los hijos de Benjamín, y de los hijos de Efraín y de aManasés:
d
2 Rey. 17:13–15.
  13 Jehová entonces atestificó contra Israel y contra Judá, por medio de todos los bprofetas y de todos los cvidentes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos y mis estatutos, conforme a todas las leyes que yo ordené a vuestros padres y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas.
2 Cró. 36:15–16.
  15 Y Jehová, el Dios de sus padres, aenvió a ellos palabra por medio de sus bmensajeros levantándose de mañana y enviando, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su morada.
Jer. 7:25–26.
  25 desde el día en que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Y os aenvié a todos los bprofetas, mis siervos, cada día madrugando y enviándolos.
e
Jer. 26:18.
  18 Miqueas de Moreset profetizó en los días de Ezequías, rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Sión será arada como campo, y aJerusalén vendrá a ser montones de escombros, y el monte de la casa como cumbres de bosque.
2 Ne. 1:4.
  4 Porque he aquí, les dijo, he visto una avisión, por la cual yo sé que Jerusalén está destruida; y si hubiésemos permanecido en bJerusalén, también habríamos cperecido.
Hel. 8:20.
  20 y he aquí, también aZenoc, y también Ezías, y también bIsaías, y cJeremías (Jeremías fue el mismo profeta que testificó de la destrucción de dJerusalén), y ahora sabemos que Jerusalén fue destruida, según las palabras de Jeremías. ¿Entonces, por qué no ha de venir el Hijo de Dios, según su profecía?