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PRIMERA EPÍSTOLA UNIVERSAL DE
San Juan Apóstol
CAPÍTULO 3
  2 Muy amados, ahora somos ahijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él baparezca, seremos csemejantes a él, porque dle veremos tal como él es.

Notas al pie de página
2a
También, pueblo.
b
Col. 3:4.
  4 Cuando Cristo, nuestra avida, bse manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en cgloria.
c
Alma 5:14, 19.
  14 Y ahora os pregunto, hermanos míos de la iglesia: ¿Habéis anacido espiritualmente de Dios? ¿Habéis recibido su imagen en vuestros rostros? ¿Habéis experimentado este gran bcambio en vuestros corazones?
Moro. 7:47–48.
  47 pero la acaridad es el bamor puro de Cristo, y permanece para siempre; y a quien la posea en el postrer día, le irá bien.
d
Job 19:25–27.
  25 aYo sé que mi bRedentor vive,
y que cal final se levantará dsobre el polvo.
DyC 88:68.
  68 Por tanto, asantificaos para que vuestras bmentes se enfoquen únicamente en Dios, y vendrán los días en que lo cveréis, porque os descubrirá su faz; y será en su propio tiempo y a su propia manera, y de acuerdo con su propia voluntad.
DyC 93:1.
  1 De cierto, así dice el Señor: Acontecerá que toda alma que adeseche sus pecados y venga a mí, binvoque mi nombre, cobedezca mi voz y guarde mis mandamientos, dverá mi efaz y sabrá que yo soy;